miércoles, 21 de enero de 2009

Curitas para el avión


Jorge Ibargüengotia, en 1947

En este sitio pueden encontrar una entrevista que le hicieran Aurelio Asiain y Juan García Oteyza a Ibargüengoitia para el número 100 de Vuelta, en 1978. Luego, acá pueden escuchar parte del coloquio que se hizo en el reciente Cervantino para celebrar los 80 años de su nacimiento. Se escucha más o menos pero tiene la peculiaridad de que es Brenda Lozano quien habla. ¿Por qué es eso peculiar? Pues porque fue esta señorita quien, en una ocasión, hablando sobre la muerte de Walser, y así como de pasada, me dijo que otra muerte que de algún modo estaba prefigurada en su obra, era la de Ibargüengoitia.
Y pues hace rato yo estaba en el Metrobús, y entre que le ayudaba a una señora a recoger la cobija con la que cubría a su cría y entre que me agarraba fuerte de un asiento para no caerme, leí el siguiente fragmento de "Botiquín de Viaje", de Viajes en la América ignota:

"El botiquín que uso es una bolsita de lona, de forma rectangular, de 12 por 10 por 5 centímetros, que sirve no sólo de botiquín sino también de estuche de tocador. Allí pongo un cepillo de dientes al que le corté la cola, un rastrillo de rasurar y unas navajas de repuesto. He observado que la constitución de este botiquín, que he estado usando desde hace veintitrés años, ha ido cambiando conforme pasa el tiempo. Antiguamente contenía un remedio para el pie de atleta -que se echó a perder antes de que yo tuviera necesidad de usarlo-, gasa, tela adhesiva, mercurio cromo y agua oxigenada. Como podrá notarse, los viajes que yo hacía era caminando y la única enfermedad para la que yo iba prevenido eran las ampollas que me salían en los pies. En una ocasión, cuando crucé con otros amigos ciento cincuenta kilómetros del territorio de Quintana Roo, agregué dos botellas de una infusión de tabaco y otras yerbas que probablemente ahora serían consideradas alucinógenas, que es lo que los chicleros tomaban cuando los mordía una víbora. Como no me pasó tal cosa, al llegar a Valladolid tiré las botellas a la basura y no tuve la oportunidad de estudiar el proceso curativo de la infusión. Había quien afirmaba que provocaba vómito; otros, en cambio, decían que no era antídoto de nada, pero que servía para olvidar las penas.
El caso es que, como ya dije, el contenido de la bolsa ha ido cambiando con el tiempo. El primer cambio ocurrió cuando me di cuenta de que la gasa y la tela adhesiva no iban a servir de nada en caso de que se cayera el avión. No recuerdo cuál fue el razonamiento que me llevó a sustituirlas por unas curitas".

También: no sé por qué no puede verse en línea, pero en el número de noviembre de 2003 y en enero del año pasado de Letras Libres pueden leerse algunos textos que hasta entonces eran inéditos del autor.

lunes, 5 de enero de 2009

Daniel Sada chatea en El Universal.

Aquí la conversación completa.

Sobre la escritura.

Casi desde que empecé a leer y escribir supe que iba a ser escritor, me gustaba mucho inventar historias y mi apuesta siempre fue por la imaginación. También alguna vez se me antojó ser futbolista, no lo hacía tan mal y casi estuve a punto de debutar en Primera División con el Atlante, pero preferí la escritura, también quise ser ajedrecista de hecho participé en un torneo estudiantil de alto nivel pero siempre se impuso la literatura. Ahora escribo y no creo que se me ocurra a esta edad hacer otra cosa.

La palabra riesgo es inherente a mi escritura, nunca estoy seguro de lo que hago y me atrevo a buscar estructuras novedosas muy a contracorriente de las convenciones actuales(…) Yo no me propongo renovar el lenguaje sino rescatar los lenguajes perdidos que encuentro en la sociedad. Tampoco colecciono arcaísmos sino que van apareciendo a medida que la trama se va desplazando, en todo caso huyo de todo lo que se llame convención y también de todo lo que se llame moda, trato de encontrar mi propia vereda, esquivando todo lo ya consabido.

Mi intención primordial es crear ritmos y cadencias me preocupa sobremanera que la lengua se oiga y pueda pasar con naturalidad a la oralidad. El recurso de los dos puntos funciona como un silencio en la música, también la armonía entre frases largas y frases cortas para que el lector tenga mayor concentración en la lectura, todo esto es hipotético no sé si lo logré del todo pero a mi me gusta que el lector que me lea esté absolutamente concentrado y seducido.

En el cuento lo más importante es hacer visible la situación y en segundo lugar a los personajes, en cambio en la novela los personajes son trasgresores o modificadores de la historia.

Sobre el escritor.

Virginia Woolf decía que nadie debe publicar antes de los 30 años de edad, yo no creo en los escritores jóvenes, yo creo en la literatura así la haga un joven o un anciano, estas fragmentaciones son las que verdaderamente confunden y desvirtuan la noción del arte, tampoco creo en la literatura mexicana dicha tal como suena, existe buena y mala literatura y nada más.

Actualmente a la mayoría de los autores les interesa más la figura del escritor que la literatura misma, ya que el escritor es entrevistado, viaja, sale en la tele, hablan de él, sale en los periódicos, le dan premios y ahora hasta en chat y eso se ha convertido en una profesión agradable socialmente además visible, lo que no ocurre cuando uno es contador público o burócrata de cualquier tipo. Es muy raro aquel autor que realmente le interesa a fondo la literatura, pero eso va a ser el pan nuestro de cada día en el futuro.

Quien está mas seguro de ser buen escritor es justamente aquel que no lo es.

Sobre Casi Nunca.

Es una historia que imaginé hace 25 años y a lo largo de este tiempo hice varios tratamientos y ninguno me satisfacía, posteriormente descubrí la voz narrativa con la que me iba a conducir a través de la novela y así pude descubrir a los protagonistas de esta historia. Es una novela que va de la perversión a la santidad. (…)la historia trata de dos personajes que casi nunca se tocan y cuando se tocan es una explosión, alguna vez en una revista vi esa expresión de Casi nunca y me dije aquí hay un flachazo o un claxonazo. (La idea surge) de una historia familiar que siempre me conmovió. También hay otras historias familiares que me embelezan pero esta era la que impulsaba a escribirla de principio a fin. Hay un 50% de realidad y otro tanto de ficción. Me insipiró el pudor que rodea a esta historia y la complemente con la perversión del protagonista.

Sobre su impresión al recibir el Herralde.

Me encontraba en mi casa y me sentí como gallina recién comprada.

(…)no me siento la gallina de los huevos de oro ni mucho menos, sólo puedo decir que soy un constante explorador de mi idioma.